Brillante.
Fascinante.
Cómo no, de paseo por el Szimpla. Ese bar tan adorado por los turístas por su aire de casa okupa pero con clase.
El vestido veraniego por excelencia: sin mangas, corto, con un pequeño vuelo y un estampado floreado. Please, que los diseñadores no vuelvan a deleitarnos con la moda de finales de los noventa, excesivamente minimalista y exenta de esta maravilla de diseños.
Vía Sophie Carmo
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