Soy algo maniática: si deseas que algo me guste, por favor, no lo idolatres antes de que yo lo vea. Aún recuerdo cuando estuve en París. Sin embargo, eso no ocurrió con Budapest. La primera vez que la conocí en profundidad fue gracias a Españoles en el Mundo y creo que en ese momento supe que no iba a estar mal eso de vivir seis meses en Hungría.
Budapest, cómo no, es una ciudad especial con una rara mezcla: por un lado, monumentales edificios que dan fe de su pasado como gran imperio y, por otro lado, su decadencia. Cómo me dijo mi mejor amiga: "Budapest está como Madrid hace unos veinte o treinta años". Y tiene razón y me gusta: añoro las tiendas típicas de barrio y no esos 'rincones gourmet' o autoservicios regentados por chinos, el miedo a salir de casa sin móvil...
A pesar de mi ataque de nostalgia, no penséis que Budapest no está a la altura de las grandes capitales europeas: en sus calles conviven servicios de ocio de última generación con una cultura importada directamente de Berlín.
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